Tuesday, May 24, 2011

Para todos los humanos hay un solo mundo. Todos vivimos en él y todos tenemos experiencias que construyen un imagen de ese mundo. La realidad percibida por una persona puede ser diferente que la de otra persona. Podemos ver este concepto en los varios culturas y filosofías que se hallan en el mundo. Es muy posible que la realidad que percibimos es elegida por nosotros mismos. Tomamos de las muchas evidencias que tenemos alrededor de nosotros y usamos las que nos son más convenientes. Puede ser que escogemos una realidad que para nosotros es bonito, o quizás escogemos una realidad que apoya alguna teología.

No importa la razón por la cual escogemos la realidad, porque cada persona tiene su visión propia. De los Europeos que viajaban por el caribe en finales del siglo XV y principios del siglo XVI, es claro que hay una multiplicidad de realidades. Vamos a enfocarnos en la realidad que empezó a desarrollarse durante el segundo viaje de Amerigo Vespucio. En una carta escribida de Vespucio a Lorenzo Pier Francesco de Medici en Florencia (de fecha 4 de junio 1501), Vespucio compara algunas posiciones que ha escuchado de hombres que han viajado a la India por el lado africano con sus experiencias propias en los viajes al caribe. En las cartas de 1501 y 1502 al mismo Lorenzo Pier Francesco de Medici, Vespucio usa muchas frases que tratan de lo que hay que creer, y no da una interpretación muy exacta en cuanto a lo que ve. Vamos a ver algunos ejemplos de esto.

Al ver lo que ya había visto Vespucio, no es sorprendente que no quiso fiar en lo que dijeron los demás viajeros,“Los hombres del país dicen sobre el oro, y otros metales o droguerías muchos milagros, pero yo soy de aquéllos de Santo Tomás, que creen despacio, el tiempo hará todo.”

El hecho de que Vespucio no está tan dispuesto a creer explica mucho del carácter de Amérigo Vespucio. Lo que Vespucio decide aceptar de todo lo que ve y escucha llegó a definir la manera en que no solo él vio al mundo, pero también a muchas personas que él influía. Veremos algunas situaciones en que Vespucio tiene que escoger su realidad y dejar alguna información.

Pues esto me contó un hombre digno de fe, que se llamaba Gaspar, que había corrido desde el Cairo hasta una provincia que se llama Molecca, la cual está situada en la costa del mar Indico. Creo que sea la provincia que Tolomeo la llama Gedrosia. Este Mar Pérsico dicen que es muy rico, pero todo no se ha de creer, por eso lo dejo en la pluma de quien mejor nos mostrará la verdad. Ahora me resta hablar de la costa que va desde el estrecho del Mar Pérsico hacia el Mar Indico, según me cuentan, muchos que fueron en la dicha armada y sobre todo el nombrado Gaspar, el cual sabia muchas lenguas, y el nombre de muchas provincias y ciudades. Como digo es hombre muy fidedigno, porque ha hecho dos veces el viaje de Portugal al Mar Indico. (Vespucio, 33-4)

Vespucio no sintió que fiar en alguien era algo ligero. Tenía que dirigirse a un público que tenía que confiar solamente en lo que él decía, porque solo de él podía escuchar. Primero confía en el hombre Gaspar, sabiendo que Gaspar tiene experiencia. Al hacer el viaje dos veces, Gaspar ha ganado la confianza de Vespucio. Pero al creer Vespucio a lo que dice Gaspar, aún tiene cuidado y quizás no acepta completamente lo que sugiere.

Acaeció que esta flota de Portugal por complacer una petición del Rey de Calicut capturó una nave que estaba cargada de elefantes, y de arroz, y de más de trescientos hombres; ella apresó una carabela de setenta toneles. Y otra vez hundieron doce naves. (36)

Es posible que al ver y escuchar Vespucio tantos cuentos de elefantes, metales valerosos, y de especies preciosos que allí entonces se puso a pensar que no estaba visitando el mismo lugar que sus colegas portugueses. Siguió estudiando la cosmografía y siendo bastante diligente en ver qué estaba sucediendo con las estrellas y sus instrumentos. Él parece que estaba muy afligido adentro de sí a causa de este asunto.

Terminando la carta de 1501, Vespucio quizás no sabía cuánto estaba mostrando de su verdad, “En conclusión, el Rey de Portugal tiene en las manos un grandísimo tráfico, y gran riqueza. Dios la acreciente. Creo que las especierías irán de estas regiones a Alejandría y a Italia, según la calidad y precios. Así va el mundo. (36)” El mundo Europeo compartía con Vespucio la realidad del comercio. Las naves llevaban los bienes y la gente compraba lo que las naves traían. Vespucio definió el mundo, dándole esa característica. Al viajar otra vez al oeste, viera que quizás el nuevo mundo no era así.

Hasta la realidad que Vespucio ha aceptado de la Biblia está desafiada cuando ve los muchos animales que hay en el mundo, “Y vimos tantos otros animales, que creo que dificultosamente tantas especies entrasen en el Arca de Noé (41).” Todo lo que creía Vespucio ya estaba cambiando, o por lo menos, Vespucio tenía que cambiar la manera en que creía esas cosas. Un conflicto que quizás no sintió ser tan grande era entre la manera en que Vespucio vió las cosas y la gente nativa las vió.

…no saben contar los días, ni los años, ni los meses, salvo que cuentan el tiempo por chmese lunares, y cuando quieren explicar el tiempo de alguna cosa, lo explican con piedras, poniendo una piedra por cada luna, y encontré un hombre de los más viejos que me indicó con piedras haber vivido mil setecientos lunarios, que son, me parece, ciento treinta y dos años contando tres lunarios al año. (43)

Hubo entonces, una vista del mundo que tenían los nativos en el nuevo mundo tan diferente que Vespucio ni podía entender bien de lo que estaban hablando. Es muy posible que las señas que daban a Vespucio y sus compañeros no eran tan claras, pero todavía se puede decir que los nativos del continente nuevo vieron el mundo muy diferente de los Europeos. Viendo las

… todas sus armas y golpes son como dice el Tetrarca confiados al viento, que son arcos, saetas y dardos, y piedras, y no acostumbran llevar defensas en sus cuerpos, porque van tan desnudos como nacieron, ni tienen orden alguno en su guerra, salvo que hacen lo que les aconsejan sus ancianos … y de lo que más me maravillo de esta guerra suya y crueldad, es que no puede saber por ellos mismos, por qué hacen la guerra el uno al otro, puesto que no tienen bienes propios, ni dominio de imperio, o reinos y no saben qué cosa es codicia, o sea bienes, o avidez de reinar, la cual me parece que es la causa de las guerras y de todo acto desordenado. (42)

Termina Vespucio tratando de explicar la guerra entre los indígenas. No tenían bienes, ni dominios, aún así peleaban entre sí. El Vespucio que en 1501 decía “así va el mundo,” ya está viendo un mundo más complejo. En el nuevo mundo el comercio no tenía dominio.

La manera en que Vespucio vio el mundo era uno que cambió, en parte en una manera grande. Es evidente que Vespucio creció al entender mejor cómo eran los indígenas, y al escuchar los cuentos de los portugueses. Así era la realidad cambiante de Amerigo Vespucio.

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